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CINCO PRISIONEROS


Colombia: las FARC prometieron nuevas liberaciones


Foto Ilustrativa

En medio de un país inundado por las lluvias, centenares de muertos, más de dos millones de damnificados, los analistas políticos colombianos no se pusieron de acuerdo en dilucidar las verdaderas intenciones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) con el anuncio, el 8 de diciembre pasado, de liberar a cinco de sus rehenes. ¿Cuál es el objetivo escondido detrás de esta jugada del grupo guerrillero?

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Ese día, el grupo guerrillero dijo que, “como un gesto de humanidad y de desagravio a la senadora de la paz (Piedad Córdoba), liberaremos a los siguientes cinco prisioneros: mayor de la policía Guillermo Solórzano, cabo del Ejército Salín Sanmiguel, infante de Marina Henry López Martínez, y a los presidentes de los consejos (sic) municipales de San José del Guaviare, Marcos Vaquero, y de Garzón (Huila), Armando Acuña”.

La verdad es que la noticia, contrario a lo que sucedió en otras ocasiones, tuvo poco efecto mediático en Colombia: apenas se dio el registro y el despliegue informativo por canales poco convencionales; es decir, sin satanizaciones y acusaciones mutuas.

El Gobierno aceptó, como lo solicitaron las FARC, la mediación de la polémica ex senadora Piedad Córdoba, pero nombró como su enlace para esa operación al experto en temas de Derechos Humanos, Eduardo Pizarro Leongómez.

LAS INTENCIONES DE LAS FARC

Los analistas dividen sus opiniones en tres posiciones. La primera y más militarista es que a ese grupo no le queda otro camino que buscar una salida digna para sus combatientes, producto de los últimos golpes recibidos como la muerte de su máximo jefe militar Víctor Julio Suárez Rojas, alias "El Mono Jojoy". Dicha solución estaría entre una negociación muy parecida a la rendición o un sometimiento a la justicia.

Otros dicen que la carta de las FARC, en la que advierten que se trata de un acto de desagravio con la ex senadora Piedad Córdoba Ruíz y un ataque a la decisión de la Procuraduría General de la Nación (órgano constitucional que investiga y sanciona las actuaciones de todos los servidores públicos) que la inhabilitó para ejercer cualquier cargo oficial durante 18 años, no es más que la clara intención de mantener vigente en la vida política nacional a una persona que les permitió algún tipo de interlocución con la sociedad colombiana.

Y los más políticos precisan que las liberaciones no son otra cosa que la clara y evidente intención de esa organización guerrillera de allanar los caminos para sentarse a negociar con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, quien mostró una postura distinta a la del ex mandatario Álvaro Uribe Vélez.

HACIA LA NEGOCIACIÓN

La guerrilla dice que su primer objetivo es lograr lo que en Colombia se conoce como el intercambio humanitario, aunque para ella sólo sea “el canje de prisioneros de guerra”, pero analistas como León Valencia, director de la Corporación Nuevo Arco Iris, subrayan que es el primer paso que ese grupo quiere dar para llegar a una negociación. “Es un mensaje al Gobierno, que había exigido acciones que permitieran crear un verdadero ambiente de diálogo. Está es una muestra. Y la respuesta de Santos, casi inmediata y positiva, sin mayores protocolos, lo apoya”, agregó.

Antes de la posesión del presidente Juan Manuel Santos, el máximo jefe de las FARC, Alfonso Cano, ofreció un diálogo con la idea de buscar “la solución política para el conflicto interno colombiano”, pero por medio “de las propuestas políticas, de la diplomacia, para que podamos entre todos ir buscando el granito, el punto de confluencia donde, con el concurso de la mayoría de los colombianos, podamos identificar las dificultades, los problemas, las contradicciones y generar a partir de allí expectativas, caminos, salidas y nuevas posibilidades".

En su posesión, Santos le respondió y le dijo que la puerta del diálogo permanecía cerrada pero que las llaves no estaban extraviadas. Luego agregó que solo aceptaría una negociación con varias condiciones: "la renuncia a las armas, al secuestro, al narcotráfico, a la extorsión y a la intimidación".

"Mientras no liberen a los secuestrados, mientras sigan cometiendo actos terroristas, mientras no devuelvan a los niños reclutados a la fuerza, mientras sigan minando y contaminando los campos colombianos, seguiremos enfrentando a todos los violentos, sin excepción", agregó el Presidente.

Ese parecía ser el primer guiño, pero esa intención se dilucidó no sólo con la muerte de "El Mono Jojoy" sino con una serie de ataques de las FARC, como el carro-bomba contra las instalaciones de la cadena radial Caracol, en Bogotá, en agosto pasado.

Sea por lo político, por lo militar o por cualquier otra causa, lo cierto es que las FARC necesitan oxígeno, pues los golpes recibidos y el aislamiento internacional las obligan a buscar algún protagonismo político.

En ese aislamiento también jugó un papel importante el presidente Santos, pues solucionó, como uno de sus primeros actos de gobierno, los problemas con su homólogo venezolano, Hugo Chávez, y ahora son los dos mejores nuevos amigos, por lo que le quitó los argumentos a su vecino para seguir interviniendo en los asuntos colombianos, con una evidente inclinación hacia las FARC.

Para el profesor universitario y politólogo, Alejo Vargas, la intención del grupo guerrillero es crear un clima a favor de la negociación con el Gobierno y, de paso, mantener vigente a la ex senadora Córdoba. Además, advirtió que la respuesta positiva de Santos, aunque lacónica y simple, debe interpretarse como que, más allá de las liberaciones, a su gobierno le interesa mantener un canal de conversación abierto con las FARC.

“Queremos abrir las puertas a un proceso previo al de una negociación (con las cinco liberaciones). La idea es escribir una hoja de ruta sobre cómo avanzar en el cese bilateral del fuego, liberaciones, desminado, presos políticos, y cómo la sociedad civil puede ayudar”, dijo Córdoba en su página web, lo que evidencia que también le apuesta a mantener ese canal.

De ahí que, la forma como se llevó el proceso de las liberaciones, lejos de los micrófonos; la prudencia de las partes y el lenguaje moderado utilizado por ellas, dejan ver que, tal vez, el Gobierno y las FARC vieron la luz al final del túnel, aunque para llegar a ella falta un tortuoso camino por recorrer.

Colombia
21/12/2010



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