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OSAMA Y EL RESCATE DE BETANCOURT


Coincidencias entre Obama y Uribe


Foto Ilustrativa

Ni 3.000 muertos el 11-S ni casi 10 años de persecución, para el especialista Eduardo Gamarra la importancia del fin de Osama Bin Laden radica en que cierra el impacto psicológico de aquellos atentados y alza los valores detrás de la lucha contra el terrorismo

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"Cuando se dice que en las Torres Gemelas murieron 3.000 personas y se compara las cifras con las del resto del mundo, no se entiende el valor simbólico de los hechos", dijo a Infobae América el doctor Eduardo Gamarra, profesor de Ciencia Política de Florida International University (FIU).

"Si ponemos eso en el contexto de las muertes en la guerra contra el terrorismo, que han sido miles de miles de miles, incluyendo civiles inocentes en Afganistán y en Irak, uno puede decir que es el estándar doble de los Estados Unidos; que se pretende que la vida de un estadounidense valga más que la vida de un iraquí. Sin embargo, el valor simbólico que tuvo ese ataque tuvo un impacto psicológico enorme sobre este país", agregó.

Para el director del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de FIU, el hecho de que tres grupos de hombres secuestraran aviones civiles y respectivamente tumbaran el World Trade Center, dañaran el Pentágono y se dirigieran a la Casa Blanca "produjo un impacto más grande que el que tuvo el ataque a Pearl Harbor, que condujo a que los Estados Unidos ingresaran en la Segunda Guerra Mundial".

Por esa condición de parteaguas, haber eliminado el domingo 1º de mayo al autor de esos atentados "también tiene un impacto simbólico enorme, si bien en la operatividad de la guerra contra el terrorismo no signifique mucho", cree Gamarra.

No hay tal cosa como debilidad demócrata

 

¿Cuál es esa diferencia?

Simbólicamente, por ejemplo, se logra unificar a la derecha y la izquierda en un país que va camino a una polarización muy grave. Ha vuelto el entusiasmo de ser estadounidenses, para todos. Es un momento de nacionalismo, donde hay un orgullo de ser estadounidense.

Se desintegran las acusaciones xenófobas de la derecha del Partido Republicano sobre el apellido del presidente, o porque su segundo nombre es Hussein. Al final, el que liquidó a Bin Laden se llama Obama y Hussein y está llevando adelante una guerra muy dura. Van a seguir peleándose por el gasto social y por la reducción del déficit, pero será difícil omitir que el déficit se debe a la guerra, no a que se le dé salud a los ancianos, y que en esa guerra se logró lo que no pudo hacer George W. Bush en dos períodos.

Me recuerda al síndrome de [el ex presidente republicano Richard] Nixon y China: ¿quién iba a pensar que el más grande luchador contra el comunismo iba a abrir las puertas del comercio y las relaciones con la potencia comunista?

¿Cambiará este operativo la percepción de Obama como el típico presidente demócrata con una política exterior más débil que la de su antecesor?

Es una presunción que no se justifica en los hechos. El presidente Obama ha sido muy duro en la aplicación de la política exterior, sobre todo en Medio Oriente. Ha continuado con la línea que seguían los Estados Unidos. Terminó -diría- la guerra en Irak, pero ha habido una escalada en el conflicto en Afganistán. Y no sólo se observa la continuidad de una política, sino también de los individuos: los comandantes son básicamente los mismos.

No ha habido un cambio en la política y tampoco habría que haberlo esperado. Los hispanos estamos, quizá, acostumbrados a ver cambios en política cuando se dan cambios en gobiernos, pero eso no sucede en países con un alto índice de institucionalidad, particularmente en política exterior. Acá uno puede ver una línea de continuidad que se da de una administración a otra aunque cambien los colores políticos. La retórica ha sido demasiado crítica con Obama: se lo acusó de ser demasiado débil y eso no se ha evidenciado en los hechos.

 

Cómo se beneficia Obama de la muerte de Bin Laden

¿Qué revelan los hechos?

Primero, que los Estados Unidos buscaron a Bin Laden durante 10 años: fueron muy tenaces en la persecución de quien fue el hombre más buscado del mundo y, sobre todo, el hombre que cambió por completo la psicología del país. Se creía que acá no llegaban las bombas y resultó que unos cuantos individuos pudieron hacer más daño que una bomba. Esa psicología que se desarrolló después de la caída de las Torres y el ataque al Pentágono, de alguna manera, culmina con esta operación, que construye sobre la acumulación de evidencias y de inteligencia.

El impacto de esta operación en la Presidencia de Obama es similar al del operativo de rescate de Ingrid Betancourt para el gobierno de [el ex presidente de Colombia Alvaro] Uribe. Los críticos no pueden decir nada: no sólo terminó Irak y tiene planificado terminar Afganistán antes de 2014, sino que logró lo que no había podido lograr la administración Bush en ocho años, terminar con bin Laden. ¿Qué mayor éxito?

La imagen del gobierno, afectada por la crisis económica, ¿mejorará? ¿Cambia esto la proyección de Obama hacia la reelección en 2012?

Sí. Pero ya tenemos cifras en tendencia ascendente, que hablan de una recuperación lenta pero dentro de esta política y con la confianza del poder ejecutivo. Obama ha demostrado que en política exterior, particularmente en la parte bélica, también le está yendo muy bien. Tiene apoyo para la política en Libia, apoyo para Afganistán y ahora acaba de liquidar a Bin Laden.

Pero para hablar de 2012 hay que tener en cuenta otro factor, que es la debilidad de la oposición dividida, con una extrema derecha que es lo que hoy se conoce como Partido Republicano, pero cuyos candidatos no van a poder ganar una Presidencia en la línea que han estado pregonando. Esa línea está en la frontera, en el mismo límite de lo que es aceptable políticamente hablando. No puede ganar un partido del racismo, de la exclusión, de la xenofobia en un país donde sólo los hispanos somos 50,5 millones. Para que el Partido Republicano sea una opción, tendrá que ir hacia el medio y presentar opciones de políticas públicas más coherentes.

 

Cómo sigue la guerra contra el terrorismo

La muerte de Bin Laden cambia el escenario de los Estados Unidos en Afganistán. ¿Se puede pensar en un retiro anticipado de las tropas?

Puede ser. En gran medida, el objetivo central de todo esto era liquidar a Bin Laden. Para muchos, si se lo liquida, se acabó el objetivo. Sin embargo, y para usar otra analogía latinoamericana, cuando liquidamos a Pablo Escobar y otros jefes de los cárteles, no sólo quedó el narcotráfico, como ahora queda el terrorismo, sino también organizaciones cada vez más desmanteladas, los cárteles boutique.

Lo más importante de Bin Laden era que constituía un factor de unificación de una cantidad enorme de grupos terroristas. Él proporcionó la arquitectura de unificación: al desaparecer Bin Laden, puede ser que esta arquitectura desaparezca y que, de la misma manera que hoy tenemos la misma cantidad de drogas en el mercado, tengamos la misma cantidad de terrorismo, sólo que más peligroso porque será terrorismo atomizado y difícil de controlar.

¿Es posible que se esté, efectivamente, ante el comienzo del fin de Al Qaeda como arquitectura unificadora de este terrorismo?

Habrá que ver. En todo caso, estaremos hablando de esa organización o de su capacidad organizadora, pero el terrorismo no se va a acabar. Tenemos terrorismo para largo, desafortunadamente. En ese sentido, la consolidación de un Estado afgano es un trabajo que, como dijo el mismo presidente Obama, probablemente vaya a demorarse bastante tiempo. Los procesos de nation building son ciclos largos, complejos y, en general, sin un buen final.

 

Por Inés Gaos

Colombia
02/05/2011



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